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El coraje de los italianos contra el Coronavirus

Por: Marcos Lopez Beltritti - Fecha: 13/03/2020

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Desde finales de Enero, el coronavirus COVID-19, que venía contagiando a miles de personas en China llegó a Italia. En un mes, lo que parecía ser un pequeño brote llevó a una emergencia sin precedentes, con decenas de miles de contagiados, más de mil muertos y una parálisis casi total del país.

“Si todos respetan las reglas, el país saldrá antes de la emergencia”, es el mensaje de aliento del Primer Ministro Giuseppe Conte, que llamó a quienes viven en la península a “quedarse en casa” y suspendió buena parte de la vida pública.

“Todos debemos renunciar a algo por el bien de Italia, de nuestros padres y de nuestros abuelos”, resaltó. “Estamos demostrando ser una gran nación”, agregó el premier. Pese a los primeros desencuentros con las autoridades de la Lombardía y otras regiones, finalmente el Gobierno central y las regiones parecen haber alcanzado un grado razonable de coordinación.

Las medidas se fueron endureciendo con el avance de la enfermedad. Primero, se intentó contenerla en los municipios de la Lombardía y el Véneto en donde se habían detectado casi todos los casos y luego a esas regiones al completo. Se avanzó en restricciones en otras zonas, pero cada día había más contagiados y se sumaban pacientes de todo el país.

Primero se suspendieron las actividades escolares y universitarias: los estudiantes hoy siguen sus cursos a través de clases telemáticas. Pero desde la semana del 9 de marzo las medidas son extremas: nadie puede salir de su casa, salvo para ir a trabajar, por motivos de salud o de extrema necesidad. Y deben llevar un formulario donde explican las causas.

El 11 de marzo Conte decretó la paralización de la vida pública: todos los comercios e instituciones públicas y privadas deben cerrar sus puertas, a excepción de las farmacias y los supermercados y lugares de abastecimiento de productos de primera necesidad.

El transporte público sigue funcionando por una de las principales preocupaciones del Gobierno y de todos los italianos: que se mantenga la actividad económica. La bolsa viene derrumbándose día a día. Las fábricas siguen activas, aunque gigantes como la Fiat-Chrysler dispuso cierres temporales para acondicionar e higienizar las plantas.

El turismo es otro de los golpeados por la crisis. Las calles de todo el país no sólo están desiertas porque los italianos están en casa: tampoco están los turistas. Los atractivos permanecen cerrados, y las restricciones a la circulación muestran un panorama asombroso: la Fontana di Trevi de Roma sin gente a su alrededor, el Puente del Rialto de Venecia vacío, la Piazza de la Signoria de Florencia desierta.

Ante este panorama, el Gobierno dispuso un paquete de ayuda económica de más de 25 mil millones de euros y un relajamiento de la meta de reducción del déficit presupuestario del Estado, con el respaldo de la Unión Europea.

Esta crisis va cambiando día a día. Los mayores de 65 años son los que están más en riesgo por el Covid-19 e Italia tiene una población muy envejecida. Según los expertos, esto explica que sea uno de los países con la tasa de letalidad más alta por este virus.

El coraje de los italianos será el que podrá hacer que esta crisis acabe pronto. Las próximas semanas serán clave para mostrar el esfuerzo y la determinación de este pueblo ayuda a mitigar el efecto de esta pandemia, que ya afecta a más de 100.000 personas en todo el mundo.

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